Los mitos más allá del tiempo, porque existen

En nuestra vida cotidiana empleamos a manudo expresiones con un significado concreto, sin pararnos a pensar en su lejana procedencia ni en su sentido originario. Así, cuando decimos de un joven vigoroso que está hecho un Hércules o que hemos visto a tal persona enfadada y parecía una furia, cuando para resumir los atributos físicos de una mujer afirmamos eres una Venus o cuando hablamos de las excelentes cualidades de anfitrión o que posee un amigo nuestro, estamos utilizando, probablemente sin ser conscientes de ello, unos nombres que la imaginación de un pueblo creó hace muchos años para designar a sus dioses y héroes; estamos recurriendo, en suma, a la mitología clásica, ese impresionante legado de la cultura grecolatina, cuyo influjo llega hasta nuestros días.
Pero no es solo ni especialmente en el lenguaje coloquial donde podemos rastrear las huellas de esta influencia. Si miramos al cielo y tratamos de distinguir los astros, estrellas y planetas, los nombres que acudirán a nuestros labios serán, en su mayoría los de otros tanto dioses y diosas cuyas historia imaginaria fue descrita en los más mínimos detalles: personajes protagonistas de una complicada acción dramática, trágica muchas veces; seres divinos, dueños de singulares atributos de la Naturaleza , como el rayo o la lluvia; dioses que de su boca hacen surgir el ciento o que, viajando en un gran carro de fuego conducido por radiantes corceles, distribuyen la luz de cada día por todos los confines. Pero dioses que poseen también sentimiento tan humano como el amor, los celos o la ira, que luchan entre ellos, se engañan, y se dejan arrastrar por las pasiones.
Y es que la ciencia, que se sitúa en un terreno opuesto al de los mitos, ha encontrado en algunas de estas narraciones el punto de partida no solo para denominar un fenómeno atmosférico, un astro de nuestro espacio exterior o una parte del cuerpo humana, sino también para encauzar la interpretación de un determinado comportamiento del hombre. Y así, por ejemplo Edipo, el príncipe tebano que, condenado a cumplir un trágico destino, mató a su padre y desposó a su madre, ha servido para poner nombre e ilustrar significativamente, dentro de la teoría psicoanalítica, un tipo de conflicto que suele presentarse en la etapa infantil del ser humano.
En el terreno de la literatura y las bellas artes las referencias a los mitos clásicos y a los de otras culturas aparecen una y otra vez, bajo formas diversas, en todas las épocas. Una de las obras más importantes de la narrativa contemporánea lleva el título de Ulises y su autor el irlandés James Joyce, se inspiró en el héroe griego para escribir la epopeya cotidiana de un hombre del siglo XX.
La mitología clásica, por tanto, está presente de una u otra forma en el mundo actual. Y no podía ser de otra manera, pues se trata de uno de los componentes que han modelado la historia de nuestra cultura, contribuyendo a perfilar la concepción humanística de Occidente. Este argumento bastaría por sí solo para justificar la inclusión de este libro en una colección dedicada a recoger los temas mas clave de nuestro tiempo.
Pero es que además creemos que el asunto en sí mismo ofrece el atractivo suficiente para satisface una importante parcela de nuestro deseo de saber. Porque ¿quién no ha oído hablar en alguna ocasión de Zeus y de sus antepasados en el gobierno universal, Crono y Urano? ¿Quién no se ha preguntado alguna vez acerca de la significación que tuvieron los llamados dioses olímpicos o sobre el papel desempeñado por los héroes como Prometeo, creador de la civilización humana. Medea, la gran maga de ocultos poderes, o Pandora, la primera mujer, portadora de la caja origen del mal?
La mitología que Grecia nos legó, asimilada y transmitida por el Imperio Romano a todo Occidente, presenta, acaso mejor que cualquier otra, un verdadero sistema estructurado que abarca todos los aspectos de la vida del hombre y de su entorno; de ahí su validez intemporal, el hecho de que, como antes indicábamos, sus posibles interpretaciones y adaptaciones vayan más allá del mito originario.
Resulta patente que en un libro de estas dimensiones no cabe todo lo que podría decir sobre un tema cualquier de los aquí abordados. En consecuencia, nos hemos visto obligados a hacer una selección de aquellos mitos que más han influido en el pensamiento y en el arte occidentales; y ello9 a costa de sacrificar ciertos pasajes y relatos que acaso pudieran parecer más atractivos por su interés o belleza, y de dejar casi por completo al margen el tratamiento de otras mitologías, lo que en ningún momento debe tomarse como un juicio de valor acerca de su importancia. No obstante, hemos introducido al final dos módulos, en los que se recogen las grandes líneas maestras de las mitologías más importantes.
Digamos, por último, que un criterio de fidelidad no ha movido a mantener generalmente el nombre griego de los personajes míticos, si bien en ocasiones se ofrece la traducción latina, que posiblemente sea la más conocida actualmente.

Cuando el hombre comienza a hacerse hombre, es decir, cuando empieza a desarrollas las facultades superiores que le distinguen de los demás animales, juntos a las necesidades fisiológicas de alimentarse o buscar refugio antes las inclemencias del clima, siente otra: la de comprender el mundo que le rodea; saber, por ejemplo, hasta dónde se extiende la comarca en qué habita , por qué se suceden las estaciones o quién mueve las olas del océano. Y saber también cuál es su papel dentro de ese mundo.
En este proceso el hombre fue adquiriendo una independencia cada vez mayor respecto a al realidad externa, de tal forma que a partir de la percepción de objetos concretos fue desarrollando la posibilidad de representarlos en su mente y la facultad de combinar esas representaciones, de relacionarlas entre sí y crear otras nuevas. De forma gráfica, puede decirse que el hombre comenzó a emerger de las tinieblas de la irracionalidad hacia la luz del pensamiento y la consciencia guiado por un afán incesante de encontrar respuestas a los problemas que se le plantean.
En este verdadero amanecer del hombre como ser inteligente se sucediendo diversas etapas, entre las que los mito ocupan un lugar importante, junto a la magia y el ritual, prácticas todas ellas dotadas de un significado religioso. Mientras que la magia se basa en la atribución de virtualidades ocultas a determinados objetos o personas, y el rito se centra en la repetición de diversos gestos, movimientos y ceremonias, a fin de conseguir efectos concretos, los mitos suponen un despegue hacia lo conceptual: la representación de los orígenes y transformaciones del mundo y de la sociedad mediante narraciones de carácter sagrado. En el pueblo griego, esta actividad desembocó en la aparición del pensamiento racional, transcendente revolución que se produjo en el siglo VI A.c. y que supuso el inicio de la reflexión científica sobre el Universo y, en definitiva, el nacimiento de la filosofía y de la ciencia. Son abundantes las teorías que, alo largo de la historia, y en especial desde el siglo XIX, se han establecido para determinar el origen, la función y el significado de los mitos. Hay que tener en cuenta que todos los grupos humanos y todas las culturas conocidas tienen en mayor o menor grado su propia mitología, y que, si bien existen importantes coincidencia entre las distintas representaciones de las fuerzas superiores que rigen el mundo y de los conflictos humanos, cada pueblo desarrolla su propio sistema de creencias mediante unas categorías peculiares que solo pueden relacionarse por aproximación. No es de extrañar, por tanto, que el estudio de los mitos de uno u otro pueblo fundamente unas u otras conclusiones. Además, estos estudios se han llevado a cabo desde diferentes campos del saber. Así, mientras el antropólogo tiende a buscar en el mito la explicación o el resultado de la forma en que un pueblo concibe sus orígenes, el sociólogo puede ver en él la raíz de un modo concreto de organización social, mientras que el lingüista se preocupará por la forma en que tal mito aparece narrado.
La opinión más extendida actualmente entre los estudiosos del tema es que no puede generalizarse un enfoque como el único válido, sino que los diferentes aspectos deben ser tenidos en cuenta de forma simultánea. Sin embargo, si suele aceptarse comúnmente una teoría acerca del origen de los mitos que se relaciona con ese despertar intelectual y creativo del hombres que antes mencionábamos: el hombres primitivo, desconocedor de las causas de los fenómenos de la Naturaleza, imaginaba unas fuerzas que los provocaban y controlaban y, en consecuencia, se sometía a su poder con súplicas. El rayo y el trueno eran considerados como la manifestación de un dios cuya cólera era conveniente aplacar. De ahí al establecimiento de una genealogía que lo relacionase con los dioses de los demás fenómenos naturales hay solo un paso fácil de dar. Y así, se atribuía a los dioses hechos y formas de vida similares a los de los hombres, aunque si las limitaciones a que éstos están sometido. Esta Concepción personal y familiar de la vida divina se prolongaba hasta la sociedad, de modo que el rey o jefe era considerado descendiente de un dios y de ahí nace n los héroes y heroínas. Por otra parte, los mitos suelen clasificarse según su contenido en: cosmogónicos, cuando intenta explicar la creación de mundo; teogónicos, cuando se refieren al origen de los dioses; antropogénicos, relativos a la parición del hombre y etiológico, cuando tratan de explicar el porque de determinada instituciones políticas, sociales o religiosas.
Asimismo existen algunos mitos que se centran en imaginar la vida de ultratumba ao el fin del mundo, que reciben el nombre de escatológicos, y otro, denominados morales, cuyo contenido suele referirse a la lucha y entre principios contrarios, el bien y el mal, ángeles y demonios, etc. No obstante, muchos de estos elementos aparecen mezclado en un mismo mito a incluso existen otros que no se adecuan a esta clasificación. Todos estos factores hacen del mito una realidad sociocultural muy compleja, cuyo Studio y comprensión solo son posibles en el contexto general al que cada uno pertenece.

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Los Dioses más allá del Tiempo